La Coctelera

Bitácora Americana

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Categoría: América del Sur

20 Noviembre 2009

¿Cuán en juego están las relaciones bilaterales en el conflicto abierto por el caso del suboficial Ariza Mendoza, presunto espía, agravado en la actualidad por las descalificaciones a Chile del presidente Alan García? ¿Marca el caso en curso una crisis más, un hito más en el fuerte deterioro de las relaciones bajo la presidencia de Alán García? La presidenta Michelle Bachelet ha declarado ‘ofensivos’ los dichos del presidente de Perú. Respuesta clara y enérgica que podría ser el mejor antídoto para quienes no nos queda más que asombro por el lenguaje presidencial de Alan García: por lo de ‘republiqueta’ y otros insultos que el eco trajo desde la lejana Lima con lo que el presidente daña las bases de entendimiento entre los dos países. Chile difícilmente podrá evitar que el presidente Alan García continúe desmantelando las relaciones bilaterales – menos ahora, tras el caso del espía y de las condiciones que Chile debe cumplir si acepta la voluntad de la autoridad peruana que de otra forma advierte que revisaría las relaciones. El presidente García golpea y abusa verbalmente a Chile y en el mismo discurso habla de paz y de campaña contra el armamentismo. Mientras tanto la opinión pública chilena, concentrada en las próximas elecciones, respirando a la vez con alivio tras haber evitado los daños sociales inmediatos de la crisis internacional –observa inquieta el desarrollo de esta controversia. El candidato presidencial y ex presidente Eduardo Frei ha planteado sin rodeos su posición en este tema.

Chile logra liberarse de la tenaza retórica contradictoria del presidente García con dificultad. Es, por lo demás, una frustración observar cómo el nombre del país es estropeado para fines de política doméstica en Perú cada vez que surge un problema entre los dos países como es el caso en curso. Perú hace del conflicto con Chile un ingrediente semántico de su compleja identidad política, en tanto que Chile no requiere de conflicto con Perú para su propia personalidad histórica. Por eso no existe en Chile cultura antiperuana tangible como a veces quisieran hacer creer algunos comentarios antiperuanos para la audiencia lectora de los artículos de prensa que tratan del conflicto en curso.

Es sorprendente que luego de más de un siglo de historia, a 130 años, sentimientos generados por la Guerra del Pacífico parezcan persistir poderosamente en el inconsciente colectivo de la prensa de Perú; activados constantemente por la demanda de delimitación marítima, esta vez por un caso de espionaje, alimentan la propensión al trato belicoso del tema . Sorprende, por el acaloramiento de la argumentación presidencial, su exagerada retórica y animosidad vuelta animadversión. Quedan rebotando palabras y el trato ofensivo del presidente Alan García hacia Chile, hacia el país y su gente, no sólo a su presidenta, autoridades e instituciones. Palabras que no habrían estado dirigidas a ella precisó más tarde el gobernante aprista converso al nacionalismo según Rodríguez Elizondo. El presidente de Perú ha sancionado el caso de espionaje en un lenguaje de descalificación, de improbable espontaneidad dado que él sabía con anticipación acerca de las actividades del suboficial Ariza Mendoza. A diferencia de ocasiones anteriores, esta vez el agravio fue presidencial. Cruzó la clara diferencia que separa lo aceptable de lo inaceptable y manifiesta una violencia verbal que buscaría provocar una espiral de réplicas para dar vida y forma a un conflicto que alimente el neo-nacionalismo aprista del presidente.

La demanda marítima en La Haya es un conflicto construido por el Estado peruano que se proyectará por décadas, cualquiera sea su resolución. Es allí, en La Haya, donde Perú se juega el asunto de mayor interés contra Chile. Pero sus ramificaciones nerviosas mantendrán las relaciones bilaterales bajo gran estrés por mucho más tiempo que el proceso mismo. A pesar de la gran distancia que separa Lima de Santiago, casi tres mil kilómetros, la corriente de estrés genera neurosis en las relaciones como si tal distancia no existiese. Tal vez esto explique en parte la dificultad para entender los roles de uno y otro: para Lima tal distancia parece no existir en la dimensión emocional de un nacionalismo cuya subjetividad permanece aún habitada de efectos políticos unidos a la memoria de la guerra del siglo XIX. Pero vista desde Santiago, Lima y su conflicto son aún lejanos. Por eso sorprende a la opinión pública en Chile la ofensiva retórica del presidente de Perú, que estropea unas complejas bases de entendimiento cuya preservación es del mayor interés para los dos países. ¿Cuán estropeadas quedaron ahora? Es difícil saberlo.

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6 Septiembre 2009

No sólo Micheletti sino que también los republicanos que lo apoyan están jugando la situación hondureña en las manos de Hugo Chávez critica el editorial del Post.  El bloqueo realizado por republicanos a la confirmación de Arturo Valenzuela, entre otros, para apoyar al gobierno de facto hondureño, sólo ayuda a Chávez, eterniza la crisis hondureña y quita argumentos a Estados Unidos para criticar a Chávez y a Ortega. El diario aboga por el Plan Árias. Zelaya: ¿Un mal menor?

Luego de dejar claro que quienes en verdad subvierten el orden democrático son Manuel Zelaya y Hugo Chávez, el diario pasa a presentar sus argumentos.

Apoya el Acuerdo de San José, el plan Árias, critica su rechazo por el “gobierno de facto” y aprueba la reciente suspensión de los US$ 31 millones de ayuda porque:

“By refusing to accept the Arias plan, Honduras's de facto government -- and its supporters in Washington -- are playing into the hands of the Latin American left.

La razón: la situación arriesga quitar legitimidad a todo nuevo presidente y alargar indefinidamente la crisis. Ajedrez que plantea un dilema difícil para la derecha – como lo ilustra y reformula el mismo editorial. Si Micheletti persiste, la administración norteamericana no tendrá después argumentos para criticar a Chávez y a Ortega – advierte.

Critica el bloqueo republicano a las confirmaciones claves de política hemisféricas. Arturo Valenzuela debiera ya estar solucionando este desorden "this mess" reprocha, porque "El único beneficiado por ese obstruccionismo (republicano) será Hugo Chávez" concluye el Post.

28 Agosto 2009

Mientras continúa el debate entre los presidentes de América del Sur en Bariloche y no hay señas claras ni pronósticos, resultados ni conclusiones, la idea es que la convocatoria de UNASUR, que ha generado grandes expectativas de difícil satisfacción inmediata,  representa por si misma un avance - si se considera que la ‘situación’ en cuestión es la mayor discordia regional en décadas. Bariloche representa un giro en los problemas de la integración – ésta estará de ahora en adelante marcada por aún mayores necesidades de resolución pacífica y prevención de conflictos.

El asunto de las bases militares ha despertado muchos fantasmas, incluso el de la guerra. Como una lámpara mágica de retrospectivas lejanas y cercanas, de guerras y conflictos, intervenciones e injerencismos que nunca terminan bien, la alarma es esta vez muy difícil de calmar, ya ha tomado cierta realidad. Los argumentos son graves, a veces ofensivos. Así por ejemplo, la frase del presidente Uribe "Nos sigue inquietando que América Latina no condene el terrorismo de estos grupos" (cita de El País).

Como si América del Sur aún continuara en la era Bush, el presidente Uribe se las juega para replegar a las FARC a las profundidades de la selva colombiana, en este intermedio abierto por la transición del gobierno Obama. Tal vez Álvaro Uribe aprovecha la última gran oportunidad de golpear militarmente, con ayuda de Estados Unidos,  a las FARC, al narcotráfico y al contrabando de armas; pero ha generado un alboroto real, ha puesto en riesgo la integración sudamericana y ha generado la alarma de sus vecinos.

¿Podrá UNASUR calmar y regresar a la lámpara mágica el fantasma del conflicto sorpresivamente liberado por el presidente Uribe? La reunión extraordinaria es muy breve para esto pero se puede esperar, por lo menos, señas de política brasileña hacia una menor conflictividad regional y pasos efectivos hacia políticas de resolución pacífica de conflictos. Para lo cual todos estarían llamados a ciertos cambios.  
Estados Unidos podría reconsiderar su rol a partir de esta experiencia para evitar que sus políticas 'hemisféricas' no impacten negativamente en la integración de la región. Había anunciado reformular sus políticas hacia América Latina, tradicionalmente enfrascadas en los asuntos de narcotráfico, inmigración y en conflictos derivados de la guerra fría. No ha podido resistir la oportunidad abierta por su tradicional aliado, el Presidente Uribe, para generar además un mayor contrapeso regional a los gobiernos asociados en ALBA.  Y el presidente Hugo Chávez haría bien en asegurar derechos civiles y políticos de la ciudadanía, de la oposición y de los medios como es propio en regímenes democráticos.

 

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